CUÁL ES TU RESPUESTA?

A medida que vamos conociendo más y más a Dios nos damos cuenta que realmente Su amor no tiene fin. No alcanzamos a comprender Sus planes, porque Él todo lo tiene planificado desde antes, según Su presciencia.

Y, aunque no lo podamos comprender, sí existe algo que podamos hacer: Dar respuesta a ese amor.

Recordando Efesios 1:5, Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos por sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo, vemos que Dios se agradó al decidir adoptarnos; es decir, le dio placer.

Piensa por un momento esto, ¿cómo te sientes al dar un regalo? Es emocionante ¿verdad? Ver la cara de alegría de la persona y poder demostrarle tu amor a través de ese regalo.

Bueno, ¡eso mismo sintió Dios al tomar la decisión de darnos ese gran regalo!

En Efesios 2:8 afirmamos nuevamente que la salvación es un regalo de Dios:

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron, ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios”.

Entonces ahora pensemos en esto, ¿cómo te sentirías si alguien rechaza un regalo que le das? O, ¿si lo daña o lo ignora? No es una buena sensación ¿verdad? Bueno, así mismo se siente Dios cuando rechazamos la gracia que ha derramado sobre nosotros, el regalo tan grande que, antes de la fundación del mundo, ya había decidido darnos.

¿Cómo podemos entonces responder a tanto amor?

Pablo nos da una respuesta en Efesios 1:6, “De manera que alabamos a Dios por la abundante gracia que derramó sobre nosotros, los que pertenecemos a su Hijo amado

Hay muchas maneras de demostrar agradecimiento a Dios, pero quiero meditar un poco hoy en esta respuesta que nos da Pablo: Alabanza.

Alabar es reconocer los méritos o cualidades de una persona, y Pablo nos anima a alabar la misericordia y bondad de Dios. Te animo hoy a decidir tomar un tiempo cada día para alabar a Dios por todo lo que Él es.

Es verdad que nunca habrá nada que podamos hacer para retribuir tanto amor, pero sí podemos alegrar el corazón de Dios con nuestra alabanza; Él se goza al escuchar a sus hijos alzar la voz para reconocerle. ¡No pierdas más tiempo!

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