LICENCIA PARA MATAR

Este fue el título que se le dio a una película británica, más precisamente a la decimosexta entrega de la saga de James Bond en 1989.  Observando hombres de diferentes edades y de diferentes contextos sociales y culturales me he dado cuenta que todos tenemos un mismo enemigo contra el cual batallar, uno tan real porque muchos le hemos dado más vida de lo que merece. Este enemigo no hace diferencia alguna,  es más, existen autores que dicen que el promedio de edad en que un niño entra  en contacto con él es a los 9 años; la mayoría, sino la totalidad de los delitos sexuales confesados, hacen referencia a la pornografía como el principal motivador e incitador de dichos delitos; es también ésta,  uno de los disparadores de infidelidad dentro del matrimonio; el pornoadicto no solo destruye su vida, sino la de los demás.

Existe una condición humana del hombre y la mujer que por más que se quiera no se puede quitar de nuestro interior y esa es el deseo Sexual, Dios diseñó el sexo para el deleite del hombre y la mujer pero dentro del matrimonio, el deseo sexual es parte de su esencia y tanto tu mujer (que lees esto) como tu hombre,  recordemos que somos hechos a su imagen y semejanza.  

Ver esta condición y lucha en muchos  fue motivo de escribir esto, la Palabra de Dios dice “porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago” y cuando cada uno de nosotros recibimos a Cristo en nuestro corazón somos “creaciones nuevas, las cosas viejas ya no van más y el empieza a hacerlas todas nuevas…” la pregunta aquí es: ¿Por qué es que muchos después de ese acercamiento de Dios a  través de Jesús a nuestra vida nos volvemos  transgresores? Dios dice que  no nos ha llamado a inmundicia sino a santificación, y la santificación es un proceso dinámico, constante y permanente, en otras palabras nuestra santificación es minuto a minuto, día tras día…pero en nosotros está la responsabilidad. La obra ya fue hecha por el único capaz de hacerla en la cruz, y su nombre fue Jesús, él nos reconcilia con Dios;  lo que tenemos que hacer nosotros mismos es despojarnos del viejo hombre, de nuestra antigua manera de vivir y todos sus vicios que la adornaban, es como si cada día que nos levantáramos literalmente tuviéramos la licencia para matar ese viejo hombre, y no estoy hablando de hacerlo con un arma física, sino de utilizar la inanición, que no es otra cosa que dejar de alimentarlo y literalmente matarlo por hambre. Así cada vez dejamos brillar más los deseos del Espíritu Santo en nuestra vida y la palabra de Dios se vuelve en ese Pan verdadero.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud  Galatas 5:1.  

 

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