Arrojado al mar

 Una historia de guerra

Un hombre medio borracho caminaba junto a su pequeño de cinco años, a orilla del mar mediterráneo en Tolón, Francia. Su hijo tiraba de su chaqueta implorando descanso pues llevaban ya mucho tiempo caminado y solo había comido un pedacito de pan el día anterior. El hombre, quien había gastado el último de los francos en una taberna, harto de los reclamos del niño, en un arranque de cólera, alzo al niño y lo tiro al mar.

El niño logro salvar sujetando una tabla y luego fue recogido en alta mar por un buque. Jacobo relato su triste experiencia y le recibieron como la mascota de la tripulación. Más tarde fue adoptado por una familia inglesa que le dio suficiente educación como para poder graduarse de doctor.

No hay lugar donde la mano de Dios no llegue!

En reconocimiento a sus salvadores, quiso enrolarse como médico en el mismo buque en medio de la guerra entre ingleses y franceses. Aquel buque fragata trabo batalla con una nave francesa y la venció.

Jacobo el medico de abordo, tuvo mucho trabajo de socorrer a las decenas de heridos que eran rescatados. Le llamo la atención un hombre mayor con una gran herida en la pierna y casi agonizante. Este le dijo: “Doctor, yo voy a morir le dejo de recuerdo este libro, una Biblia. Ella hizo de mí un hombre nuevo. Yo era un borracho empedernido y Jesús me transformo y perdono todos mis pecados, Lo sé. Pero soy yo el que aún no puedo perdonarme el peor de los pecados que pueda cometer un hombre; un día arroje a mi pequeño Jacobo al mar porque éste me pedía un pan. ¡Oooh mi pequeño Jacobo!, ¿Dónde estarás?” “Aquí está tu Jacobo”, le respondió el joven, y llorando se hacho sobre su pecho.

Dios les había reunido milagrosamente. Minutos más tarde aquel hombre moría con una sonrisa en sus labios. Jacobo guardo aquella Biblia y comenzó a leerla con profundo respeto, y encontró a Jesús el salvador. Jacobo hoy ministra la palabra de Dios en varios lugares, contando su conmovedora historia. Dos vidas, un mismo libro, el único Dios soberano que ama sin distinción.

Una Pausa en tu vida// Pablo Martini