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Oct28
Tiempo de Amar
Mes // Octubre
Serie: Es tiempo

► 1 Corintios 13:13 (RVR60)
¿Qué nos motiva a “la expansión y la conquista”?
Se cuenta que, tras derrotar al poderoso Imperio Persa, Alejandro Magno no se detuvo. Aunque ya había alcanzado una gloria que muchos considerarían suficiente, continuó avanzando hacia el este, hacia tierras desconocidas para los griegos: las regiones que hoy conocemos como Afganistán, Pakistán e India. Su pasión por la gloria, la conquista y el descubrimiento parecía no tener límites.
Sin embargo, al llegar al río Hífasis, en la India, sus soldados —agotados y deseosos de volver a casa— se negaron a seguir. Alejandro, devastado, tuvo que ceder. Su ambición, aunque incansable, encontró un límite. Poco después, murió joven, a los 32 años, en Babilonia.
Algunos afirman que Alejandro, a pesar de su grandeza, murió con el corazón insatisfecho, pues no había conquistado “el mundo entero”. Se dice incluso que lloró porque “no quedaban más mundos por conquistar”. Pero cuando el Señor nos llama a “conquistar” el mundo, no lo hace con la espada, sino con el evangelio del amor. Nos invita a amar lo que Él ama. La Escritura nos recuerda así:
«Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.»
1 Juan 4:11
Nuestra conquista no se logra con violencia ni imposición.
Nuestro llamado es amar.
Jesucristo rompe todos los esquemas al ordenar que amemos no solo a quienes nos aman, sino también a nuestros enemigos y a quienes nos persiguen. El amor es la esencia del creyente: por amor fuimos salvados, y por amor somos enviados a ganar a otros para que experimenten la libertad y la plenitud que Dios nos regala en Cristo Jesús, nuestro Señor y Rey.
Alejandro, apasionado por conquistar pueblos, lo perdió todo. De su imperio no queda nada. En contraste, Jesús prometió: «Todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.» Mateo 16:25
El verdadero amor —el que Dios derramó en nuestros corazones al habernos amado primero— es el que nos impulsa a conquistar de rodillas: orando por un hijo que aún no conoce a Cristo, por un esposo que se burla de la fe de su esposa, o por un amigo que todavía no ha entendido que la respuesta está en Jesús.
Ese amor no solo nos identifica, sino que nos motiva a ganar el mundo para Cristo: amar a quienes aún no le conocen, amar incluso a quienes nos rechazan por ser sus discípulos.
Aplicación:
Amar es lo primero, lo más profundo y lo que da sentido a todo lo demás. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.» Juan 13:35
¿A quién conquistará Jesús a través de tu amor hoy?
Se cuenta que, tras derrotar al poderoso Imperio Persa, Alejandro Magno no se detuvo. Aunque ya había alcanzado una gloria que muchos considerarían suficiente, continuó avanzando hacia el este, hacia tierras desconocidas para los griegos: las regiones que hoy conocemos como Afganistán, Pakistán e India. Su pasión por la gloria, la conquista y el descubrimiento parecía no tener límites.
Sin embargo, al llegar al río Hífasis, en la India, sus soldados —agotados y deseosos de volver a casa— se negaron a seguir. Alejandro, devastado, tuvo que ceder. Su ambición, aunque incansable, encontró un límite. Poco después, murió joven, a los 32 años, en Babilonia.
Algunos afirman que Alejandro, a pesar de su grandeza, murió con el corazón insatisfecho, pues no había conquistado “el mundo entero”. Se dice incluso que lloró porque “no quedaban más mundos por conquistar”. Pero cuando el Señor nos llama a “conquistar” el mundo, no lo hace con la espada, sino con el evangelio del amor. Nos invita a amar lo que Él ama. La Escritura nos recuerda así:
«Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.»
1 Juan 4:11
Nuestra conquista no se logra con violencia ni imposición.
Nuestro llamado es amar.
Jesucristo rompe todos los esquemas al ordenar que amemos no solo a quienes nos aman, sino también a nuestros enemigos y a quienes nos persiguen. El amor es la esencia del creyente: por amor fuimos salvados, y por amor somos enviados a ganar a otros para que experimenten la libertad y la plenitud que Dios nos regala en Cristo Jesús, nuestro Señor y Rey.
Alejandro, apasionado por conquistar pueblos, lo perdió todo. De su imperio no queda nada. En contraste, Jesús prometió: «Todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.» Mateo 16:25
El verdadero amor —el que Dios derramó en nuestros corazones al habernos amado primero— es el que nos impulsa a conquistar de rodillas: orando por un hijo que aún no conoce a Cristo, por un esposo que se burla de la fe de su esposa, o por un amigo que todavía no ha entendido que la respuesta está en Jesús.
Ese amor no solo nos identifica, sino que nos motiva a ganar el mundo para Cristo: amar a quienes aún no le conocen, amar incluso a quienes nos rechazan por ser sus discípulos.
Aplicación:
Amar es lo primero, lo más profundo y lo que da sentido a todo lo demás. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.» Juan 13:35
¿A quién conquistará Jesús a través de tu amor hoy?
Lectura bíblica necesaria: 1 Juan 4 (RVR60)
Autor: José Gómez
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