Mayo12
Una persona y tres verdades…
Mes // Mayo 2024
Que toda mamá necesita conocer

► Mt. 11:28-30
Las mamás tenemos claro que convertirnos en una, si bien es sinónimo de gozo indescriptible, también es un reto enorme por el sentido de influencia y trascendencia sobre la vida de otro ser humano que trae implícito nuestro rol.
Este reto parece convertirse en un gigante contra el cual luchamos a diario dado que vivimos en la era del empoderamiento femenino y la globalización de la información. Hoy en día el mundo intenta convencernos de que las mamás estamos dotadas milagrosamente de todo lo necesario para serlo y para serlo como ninguna otra. Los gurús de las redes quieren hacernos creer que nuestros esfuerzos bien intencionados son lo único que necesitamos para “soportar esta hermosísima carga”, así que con base en esto formamos nuestro estándar personal de lo que significa ser buena madre y optamos por hacer todo lo que se supone que esa buena madre haga, pero al final nos sentimos desgastadas o muy frustradas, y esto es porque las mamás tenemos un temor común y es “no dar la talla”.
Pero la realidad es que ¡No!, no podemos con todo, no podremos con todo, no necesitamos poder con todo. Lo que necesitamos es conocer a Cristo y aceptar tres verdades.
Jesucristo, el Hijo de Dios, ya dio la talla por ti y por mí. A través de su muerte y su resurrección recibimos de parte de Dios no sólo el derecho de ser llamadas sus hijas sino la victoria sobre todo aquello que quiere esclavizarnos.
«Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados.» Col. 1:13-14
«Lleven mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y de corazón humilde. Así hallarán descanso para el alma, porque mi yugo es fácil de llevar y mi carga es ligera.» Mt. 11:28-30
Ahora, porque Cristo vive en nosotras y el mismo poder que le levantó de los muertos opera dentro nuestro (el Espíritu Santo), podemos ser lo que necesitamos ser para cumplir el propósito del Señor en el ejercicio de la maternidad, y para hacerlo de forma que glorifique a Dios, es necesario que comprendamos esto:
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1. La maternidad tiene un propósito en sí misma y es supremo a cualquier otro: “dar vida”.
Todas las mamás (de hecho todas la mujeres, y esto como un don especial) damos vida y no sólo en sentido literal, sino que transmitimos vida con todo lo que pensamos, decimos y hacemos hacia o con nuestros hijos, sean de vientre, por adopción o incluso a personas que consideramos como tales. Por lo contrario, no impartimos vida a través de la queja, ni de los gritos, tampoco a través de la desatención o la ausencia, y mucho menos de nuestra auto conmiseración o nuestra necesidad de ser reconocidas en todo lo que hacemos. Porque de cualquier forma, como ya dije, -
2. Las mamás nunca podremos tener el control de todas las cosas.
Solemos creer que, si pudiéramos tener más control sobre lo externo, no nos sentiríamos tan inestables por dentro y podríamos alcanzar la comodidad que tanto anhelamos. No necesitamos tener todo bajo control para vivir felices, de hecho no lo lograremos con nuestros esfuerzos personales porque el único reconocido como Soberano y Omnipotente es Dios.
Así que sí o sí habrá berrinches con qué lidiar, lentejas quemadas, manchas en el sofá, presión del jefe o quizás situaciones más duras y dolorosas como el abandono de un esposo, la soledad, la enfermedad de un hijo; y quizás todo eso y más, suceda al tiempo.
Y esto nos tiene que llevar a darnos cuenta que el problema real jamás radica en las circunstancias, -
3. El problema radica en el corazón.
Dios está interesado en nuestro corazón. En otras palabras, en cómo respondemos ante la falta de control y ese deseo interminable de comodidad y descanso.
Pero una madre que comprende que su corazón ya no está más habitado por ella misma, sino por Jesús, vive una vida en abundancia y libertad puesto que en Él ya está dotada de todo amor, de toda autoridad, de todo el fruto del Espíritu, y puede vivir su maternidad con gozo, de ese que nadie jamás podrá robarle.
Punto de acción
Cuando como madres celebramos a diario nuestro rol, aceptándolo y determinando vivirlo a plenitud y a pesar del sacrificio que implica, sabiendo que nos habita Jesús, podemos confiar en que estamos lanzando como flechas a hijos e hijas que crecen seguros, estables emocionalmente, disciplinados, capaces de alcanzar metas, y así como nosotras, cumplir con el propósito de vida que Dios definió para ellos.
Lectura bíblica necesaria: Proverbios 31
Autor: Angelica Ramirez