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Mayo06
Camino a la victoria 2
Mes // Mayo

► Jeremías 7:23
De acuerdo al plan de Dios y a Su deseo de vernos triunfar, alcanzar la victoria en todo aquello que nos es importante y con Él y Su voluntad hemos querido construirlo, la obediencia es el camino.
Pero la obediencia requiere de enseñabilidad, resultado de obedecer, hacer caso a la orden o instrucción sin razonar, lo cual facilita las relaciones, trabajos, delegaciones y demás actividades en las cuales la obediencia puede dar un toque especial de seguridad y confianza, y a la vez se va convirtiendo en un ejemplo de vida para quienes disfrutan de su acción.
La obediencia pide una actitud interna: Sale del corazón, implica una disposición de ánimo, dice lo que soy. Pero también una conducta o acción externa: Lo realizamos en nuestros actos, se manifiesta externamente, hago lo que soy.
Para que haya obediencia debe haber sumisión (actitud sana en el corazón, no en la razón o justificación de la orden), pero solo es posible cuando el Espíritu Santo controla nuestras vidas y vivimos en Él, dejando de ser nosotros mismos y obedecer a Dios.
El cristiano tiene que ser sensible a la voz de Dios porque la dureza de corazón no permite oírla y por lo tanto no habrá obediencia. Escuchamos la voz de Dios en la intimidad, tiempo durante el cual Él mismo nos habla y confirma Sus planes y propósitos particulares para nuestra vida. También lo escuchamos a través de los cristianos maduros que edifican nuestra vida a través de las enseñanzas bíblicas, así como la congregación en términos de compañerismo, exhortación y edificación de las mismas enseñanzas. El Espíritu Santo juega un papel muy importante en la oportunidad de escuchar la voz de Dios, pues de la misma manera como se nos enseña que cuando no sabemos cómo orar ni qué orar, Él intercede por nosotros delante del Padre, así trae a nosotros el mensaje de Jesús y del Padre.
De la misma manera, las Escrituras, como la misma Palabra de Dios, toman todos estos elementos y se convierten en la revelación escrita que nos enseña las verdades, principios, mandamientos que Dios ha dejado plasmados para que todos los que la conozcamos, la obedezcamos.
Así pues, la obediencia es la manifestación real del amor a Dios. La recompensa por la obediencia y el amor es la verdadera manifestación de Dios en todas las circunstancias de nuestra vida, para poder llegar a tener el éxito y la victoria que anhelamos.
Punto de acción:
El camino de la victoria está marcado por la dirección de Dios, es necesario conocerla en Su intimidad, a través de Su Palabra y Su Santo Espíritu. Hoy puede ser el comienzo de tu victoria por tu obediencia a Él.
Lectura bíblica necesaria: Jeremías 7
Pero la obediencia requiere de enseñabilidad, resultado de obedecer, hacer caso a la orden o instrucción sin razonar, lo cual facilita las relaciones, trabajos, delegaciones y demás actividades en las cuales la obediencia puede dar un toque especial de seguridad y confianza, y a la vez se va convirtiendo en un ejemplo de vida para quienes disfrutan de su acción.
La obediencia pide una actitud interna: Sale del corazón, implica una disposición de ánimo, dice lo que soy. Pero también una conducta o acción externa: Lo realizamos en nuestros actos, se manifiesta externamente, hago lo que soy.
Para que haya obediencia debe haber sumisión (actitud sana en el corazón, no en la razón o justificación de la orden), pero solo es posible cuando el Espíritu Santo controla nuestras vidas y vivimos en Él, dejando de ser nosotros mismos y obedecer a Dios.
El cristiano tiene que ser sensible a la voz de Dios porque la dureza de corazón no permite oírla y por lo tanto no habrá obediencia. Escuchamos la voz de Dios en la intimidad, tiempo durante el cual Él mismo nos habla y confirma Sus planes y propósitos particulares para nuestra vida. También lo escuchamos a través de los cristianos maduros que edifican nuestra vida a través de las enseñanzas bíblicas, así como la congregación en términos de compañerismo, exhortación y edificación de las mismas enseñanzas. El Espíritu Santo juega un papel muy importante en la oportunidad de escuchar la voz de Dios, pues de la misma manera como se nos enseña que cuando no sabemos cómo orar ni qué orar, Él intercede por nosotros delante del Padre, así trae a nosotros el mensaje de Jesús y del Padre.
De la misma manera, las Escrituras, como la misma Palabra de Dios, toman todos estos elementos y se convierten en la revelación escrita que nos enseña las verdades, principios, mandamientos que Dios ha dejado plasmados para que todos los que la conozcamos, la obedezcamos.
Así pues, la obediencia es la manifestación real del amor a Dios. La recompensa por la obediencia y el amor es la verdadera manifestación de Dios en todas las circunstancias de nuestra vida, para poder llegar a tener el éxito y la victoria que anhelamos.
Punto de acción:
El camino de la victoria está marcado por la dirección de Dios, es necesario conocerla en Su intimidad, a través de Su Palabra y Su Santo Espíritu. Hoy puede ser el comienzo de tu victoria por tu obediencia a Él.
Autor: María Piedad Mesa
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