VER MÁS REFLEXIONES DIARIAS
Mar26
Cuando oramos...
Mes // Marzo

► 1 Tesalonicenses 5:16-17(NVI)
Estamos muy ocupados y la vida moderna es muy agitada.
Nos levantamos corriendo para conectar a los niños con la escuela y correr a la oficina virtual donde nos aguardan un montón de tareas. Entre la oficina y los niños y su escuela, el tiempo corre... y ahora parece que tenemos más actividades que antes.
Salimos corriendo al supermercado a comprar algo para la cena, llegamos a casa y hay que sacar al perro a pasear y darle comida. Hay que preparar el baño para los niños, atender al cónyuge, cenar y preparar a los niños para que hagan los deberes escolares, servir la cena, lavar los cacharros, pagar las cuentas que llegaron, preparar la ropa para el próximo día... proyectos... informes... etc. Estas cosas hay que hacerlas “con oración o sin oración”, ¿no?
Pero a pesar de eso, esperamos que cuando esporádicamente oramos, la oración sea eficaz, y que Dios nos responda de inmediato ante un contratiempo. Es en los momentos de crisis que nos acordamos de orar, aunque hayamos estado ignorando a Dios durante meses. Y muchas veces es una oración muy rápida, al mismo ritmo de la vida que llevamos.
Punto de acción:
Se podría decir que el problema más grande de nuestra vida de oración es que no oramos. En Mateo 6:5, Jesús dijo: «Y cuando ores…», lo que sin dudas implica que tenemos que emplear tiempo y energías en orar. Implica una acción normal; algo que no es opcional o que se hace de acuerdo con nuestras posibilidades y tiempo sobrante.
Esta frase tiene una fuerza mayor que si Jesús hubiera dicho: “Si tú oras”, o “Cuando sientas deseos de orar”, o “Si te acuerdas de orar”. Sin embargo, este principio y disciplina de la vida cristiana que es tan elemental, es ignorado por una gran mayoría. Simplemente no oran.
No olvides que la oración es el lugar donde las cargas cambian de hombro.
Lectura bíblica necesaria: 1 Tesalonicenses 5:12-28 (NVI)
Nos levantamos corriendo para conectar a los niños con la escuela y correr a la oficina virtual donde nos aguardan un montón de tareas. Entre la oficina y los niños y su escuela, el tiempo corre... y ahora parece que tenemos más actividades que antes.
Salimos corriendo al supermercado a comprar algo para la cena, llegamos a casa y hay que sacar al perro a pasear y darle comida. Hay que preparar el baño para los niños, atender al cónyuge, cenar y preparar a los niños para que hagan los deberes escolares, servir la cena, lavar los cacharros, pagar las cuentas que llegaron, preparar la ropa para el próximo día... proyectos... informes... etc. Estas cosas hay que hacerlas “con oración o sin oración”, ¿no?
Pero a pesar de eso, esperamos que cuando esporádicamente oramos, la oración sea eficaz, y que Dios nos responda de inmediato ante un contratiempo. Es en los momentos de crisis que nos acordamos de orar, aunque hayamos estado ignorando a Dios durante meses. Y muchas veces es una oración muy rápida, al mismo ritmo de la vida que llevamos.
Punto de acción:
Se podría decir que el problema más grande de nuestra vida de oración es que no oramos. En Mateo 6:5, Jesús dijo: «Y cuando ores…», lo que sin dudas implica que tenemos que emplear tiempo y energías en orar. Implica una acción normal; algo que no es opcional o que se hace de acuerdo con nuestras posibilidades y tiempo sobrante.
Esta frase tiene una fuerza mayor que si Jesús hubiera dicho: “Si tú oras”, o “Cuando sientas deseos de orar”, o “Si te acuerdas de orar”. Sin embargo, este principio y disciplina de la vida cristiana que es tan elemental, es ignorado por una gran mayoría. Simplemente no oran.
Lectura bíblica necesaria: 1 Tesalonicenses 5:12-28 (NVI)
VER MÁS REFLEXIONES DIARIAS
Comments (1)
Andres Gonzalez
reply