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Nov14
Diseño de amor
Mes // Noviembre

► Salmo 100:3 (RVR60)
El Salmo 100 es un canto de alegría, pero también una declaración de identidad. El salmista nos recuerda que no somos autores de nuestra propia existencia: fuimos creados, diseñados y sostenidos por Dios.
Dejemos que nos responda la Biblia: «Trae… a todos los llamados de mi nombre; al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé... para que proclame mi alabanza.» Is. 43:7, 21 NVI.
En un mundo que nos empuja a “reinventarnos” constantemente, este salmo nos invita a RECONOCER (palabra clave) que nuestra vida tiene un origen y un propósito mayor: glorificar a Dios y disfrutar de Él. Reconocer no es solo aceptar intelectualmente, sino vivir en consecuencia: con gratitud, obediencia y confianza.
Punto de acción:
El Salmo 100 nos recuerda que somos diseño, no accidente; que la autosuficiencia es una ilusión y que dependemos de Dios. Nos enseña que la verdadera alegría no nace de lo que logramos, sino de saber que nuestra identidad se encuentra en pertenecerle. Cuando vivimos desde ese diseño, encontramos gozo, dirección y descanso.
¿Qué haras cada día para reflejar su gloria?
Lectura bíblica necesaria: Salmo 100 (NBV)
- No fuimos diseñados para ser autores de nuestra propia historia ni para componer nuestras propias reglas centradas en nosotros mismos.
- No fuimos diseñados para buscar vida fuera de Dios, ni para atesorar la creación, amar personas, lugares o cosas más que a É.
- No fuimos diseñados para seguir nuestros deseos y convertirnos en esclavos de ellos
- No fuimos diseñados para vivir solo para el momento, ignorando lo eterno.
- No fuimos diseñados para cuestionar la bondad de Dios y llevarlo al tribunal de nuestro juicio cada vez que las cosas no resultan como creemos
- No fuimos diseñados para ser el centro del universo.
- No fuimos diseñados para ser el centro del universo, entonces… ¿Para qué fuimos creados?
Dejemos que nos responda la Biblia: «Trae… a todos los llamados de mi nombre; al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé... para que proclame mi alabanza.» Is. 43:7, 21 NVI.
En un mundo que nos empuja a “reinventarnos” constantemente, este salmo nos invita a RECONOCER (palabra clave) que nuestra vida tiene un origen y un propósito mayor: glorificar a Dios y disfrutar de Él. Reconocer no es solo aceptar intelectualmente, sino vivir en consecuencia: con gratitud, obediencia y confianza.
Punto de acción:
El Salmo 100 nos recuerda que somos diseño, no accidente; que la autosuficiencia es una ilusión y que dependemos de Dios. Nos enseña que la verdadera alegría no nace de lo que logramos, sino de saber que nuestra identidad se encuentra en pertenecerle. Cuando vivimos desde ese diseño, encontramos gozo, dirección y descanso.
Autor: Armando Ahumada
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