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Sep04
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Parte 3

► Filipenses 3:14 (RVR60)
La misión al proseguir a la meta del “…premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” es proclamar el evangelio, a tiempo, y a destiempo en nuestra generación. Ello implica anunciar las buenas y las malas noticias.
- LA BUENA NOTICIA llama al arrepentimiento y la conversión a Dios por medio de la fe en el perdón de pecados que nos es asegurado en Cristo. Una proclamación valerosa de esta verdad era lo que hacían los apóstoles, era su comisión, a eso fueron enviados. No fueron enviados a entretener a la gente, a aprovecharse de la gente y explotar sus recursos, sino a llevar un mensaje de consuelo y esperanza en medio de la mala noticia de juicio en que estaban. No fueron enviados a dar un concepto propio o una especulación acerca de Dios, sino a dar el mismo mensaje que vino a dar el Señor Jesús, tal como se proclamó en Marcos 1:15, «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio». El mensaje es el mismo hoy, somos llamados a arrepentirnos de no vivir para Dios, de ofenderle con nuestros pecados, de no haber creído en Él y de volvernos a Él confiando en la sangre de Cristo que fue derramada en la cruz para perdonarnos de todos nuestros pecados. Debemos predicarnos y predicar a otros, este mismo mensaje, de arrepentimiento y fe en Cristo y a manifestar el poder y tierno amor de Dios, a lo cual nosotros también hemos sido enviados: “manifestar el poder y tierno amor de Dios”, el que nos ha sanado, el que poderosamente nos ha dado vida nueva, que nos ha resucitado de entre los muertos, y nos ha hecho familia y pueblo de Dios para gloria suya.
- LAS MALAS NOTICIAS nos hablan de la miseria del ser humano por su rebelión contra Dios y el castigo al pecado impenitente. El juicio que hay sobre todo impenitente pecador que se rehúsa creer el evangelio, y rechaza el mensaje y los mensajeros de Jesús. Este es un mensaje muy serio, y debe ser asumido con total seriedad por los embajadores del reino de Dios. Jesús advierte a los doce que no todos le recibirían con gozo, que en casas, aldeas y ciudades aún les rechazarían, pero debían dar su testimonio, un testimonio válido en contra de la incredulidad y el paganismo. Sacudirse el polvo de los pies, en señal contra la ciudad indicaba que era un territorio contaminado, una señal que testificaba que estaban expuestos al justo juicio de Dios. Hoy en medio de nuestras ciudades debemos alzar nuestra voz y anunciar el juicio de Dios contra los que detienen con injusticia la verdad, contra los que practican y promueven toda clase de maldad, Dios nos manda advertir a nuestros pueblos, que están expuestos al juicio de Dios por su incredulidad y falta de arrepentimiento y fe en el evangelio: La porción de Romanos 1:18, 28, 32, nos describen claramente a lo que se refiere esta mala noticia y que la buena noticia solo les llegará a través de nuestro anuncio de necesidad de arrepentimiento y conversión.
Punto de acción:
Conociendo hoy la buena noticia y tu responsabilidad para anunciarla, debes empezar a hacerlo por amor a los que no conocen a Jesús.
La mala noticia es también tu responsabilidad para empezar a contarla y llevarles al arrepentimiento y conversión en Jesús.
- LA BUENA NOTICIA llama al arrepentimiento y la conversión a Dios por medio de la fe en el perdón de pecados que nos es asegurado en Cristo. Una proclamación valerosa de esta verdad era lo que hacían los apóstoles, era su comisión, a eso fueron enviados. No fueron enviados a entretener a la gente, a aprovecharse de la gente y explotar sus recursos, sino a llevar un mensaje de consuelo y esperanza en medio de la mala noticia de juicio en que estaban. No fueron enviados a dar un concepto propio o una especulación acerca de Dios, sino a dar el mismo mensaje que vino a dar el Señor Jesús, tal como se proclamó en Marcos 1:15, «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio». El mensaje es el mismo hoy, somos llamados a arrepentirnos de no vivir para Dios, de ofenderle con nuestros pecados, de no haber creído en Él y de volvernos a Él confiando en la sangre de Cristo que fue derramada en la cruz para perdonarnos de todos nuestros pecados. Debemos predicarnos y predicar a otros, este mismo mensaje, de arrepentimiento y fe en Cristo y a manifestar el poder y tierno amor de Dios, a lo cual nosotros también hemos sido enviados: “manifestar el poder y tierno amor de Dios”, el que nos ha sanado, el que poderosamente nos ha dado vida nueva, que nos ha resucitado de entre los muertos, y nos ha hecho familia y pueblo de Dios para gloria suya.
- LAS MALAS NOTICIAS nos hablan de la miseria del ser humano por su rebelión contra Dios y el castigo al pecado impenitente. El juicio que hay sobre todo impenitente pecador que se rehúsa creer el evangelio, y rechaza el mensaje y los mensajeros de Jesús. Este es un mensaje muy serio, y debe ser asumido con total seriedad por los embajadores del reino de Dios. Jesús advierte a los doce que no todos le recibirían con gozo, que en casas, aldeas y ciudades aún les rechazarían, pero debían dar su testimonio, un testimonio válido en contra de la incredulidad y el paganismo. Sacudirse el polvo de los pies, en señal contra la ciudad indicaba que era un territorio contaminado, una señal que testificaba que estaban expuestos al justo juicio de Dios. Hoy en medio de nuestras ciudades debemos alzar nuestra voz y anunciar el juicio de Dios contra los que detienen con injusticia la verdad, contra los que practican y promueven toda clase de maldad, Dios nos manda advertir a nuestros pueblos, que están expuestos al juicio de Dios por su incredulidad y falta de arrepentimiento y fe en el evangelio: La porción de Romanos 1:18, 28, 32, nos describen claramente a lo que se refiere esta mala noticia y que la buena noticia solo les llegará a través de nuestro anuncio de necesidad de arrepentimiento y conversión.
Punto de acción:
Conociendo hoy la buena noticia y tu responsabilidad para anunciarla, debes empezar a hacerlo por amor a los que no conocen a Jesús.
La mala noticia es también tu responsabilidad para empezar a contarla y llevarles al arrepentimiento y conversión en Jesús.
Lectura bíblica necesaria: Romanos 1:18-32 (NBV)
Autor: María Piedad Mesa
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