Agosto 31
Hagamos honor a la vida espiritual de hace unos años, que nos ayuda a comprender lo que la Palabra del Señor nos invita al ejercitar la verdad bíblica de orar sin cesar.
Señor, yo quiero construir una habitación y vivir junto a ti.
Señor, la suprema adoración, aquí está mi corazón que te quiere adorar.
A cada instante de mi vida yo te agradeceré,
a cada instante de mi vida siempre te exaltaré,
a cada instante de mi vida siempre te amaré.
Ahora, orar sin cesar no significa estar hablando todo el tiempo con Dios de manera literal, sino vivir en una actitud constante de comunión con Él.
Esto puede incluir:
- Hablar con Dios durante el día.
- Dar gracias en toda circunstancia.
- Buscar su guía antes de tomar decisiones.
- Mantener el corazón dispuesto a escuchar y obedecer.
Es una experiencia tan real y enriquecedora que pide que sus características sean tenidas en cuenta con todo interés e intencionalidad: continua, permanente, no interrumpida.
No son 24 horas de rodillas hablando, pero sí 24 horas en la presencia de Dios, sin desconexión, en contacto permanente. Es una actitud de dependencia continua, cultivando la conciencia de su presencia en medio de las actividades cotidianas.
Es vivir cada momento de la mano del Señor, manteniendo una comunicación interna, elevando súplicas, agradecimientos y pensamientos a lo largo del día. También es mantener nuestros horarios de oración establecidos, cada vez más firmes.
Una ilustración puede ayudarnos: dos amigos pueden estar en la misma habitación, en armonía, pero no en comunión. No hablan, no se cuentan sus necesidades, angustias o deseos. El deseo de Dios es que nosotros, sus amigos, vivamos en comunión con Él.
Punto de acción:
Podemos orar así: “Señor, quiero cultivar una actitud mental y de corazón dependiente de ti en todo momento. Quiero que mi vida sea toda una oración, y poder unir oración a las obras y obras a la oración. Dame disciplina y constancia para cultivar más los momentos formales, evitando que las distracciones corten el vínculo sagrado contigo.”
AUTOR: María Piedad Mesa de E.
Lectura bíblica necesaria: Santiago 1 (RVR60) Salmo 102 (RVR60)








