Afilando nuestras armas

“Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz”.
1 Samuel 13:20

Abril 01

Todos los varones de Israel descendían a los herreros filisteos a amolar sus rejas, azadón y su hacha, eso no eran armas de guerra, pero bien afiladas y usadas correctamente podrían servirles. Aún tenían que pagar por afilarlas y llegó un momento en que solo Saul y Jonatan las tenían. Si llamaban a la batalla estaban desprovisto de las armas, pero recuerda: las tenían, solo que no sabían cómo usarlas, no estaban entrenados para ello. Eso les daba a los filisteos opresores superioridad en la guerra y los israelitas se creyeron su inferioridad humillante y perdieron ventaja. Esto es lo que hace Satanás como enemigo del cristiano, le engaña respecto del poseer y usar las armas para la milicia espiritual.

El creyente está inmerso en una batalla contra los filisteos de este mundo, del mal y de Satanás, necesitamos saber qué armas tenemos para la pelea en busca de nuestra victoria, no carnal sino espiritual. Hay varias, pero me dedicaré especialmente a dos de ellas:

1ª. La oración (Efesios 6:18) y sus diversas formas: personal, comunitaria, en intercesión, clamor, súplica, alabanza

Al restringir la oración, dejamos de luchar. 
La oración mantiene brillante la armadura del cristiano.
Y Satanás tiembla al ver al santo más débil de rodillas”.
No significa que no debas hacer nada más que orar, significa que no debes hacer nada sin orar.

William Cowper

2ª. La Palabra (Efesios 6:17 b) por la enseñanza y la predicación que escuchamos y damos, es el arma más poderosa: “espada de 2 filos que penetra hasta el tuétano de los huesos y ante ella todo queda trasparente…” Hebreos 4:12

Cada una de ellas deben estar en constante acción, así como los talentos que hemos considerado demasiado pequeños para el servicio de Dios, ahora deben ser empleados, porque como en aquel tiempo, las rejas, los azadones y las hachas les fueron muy útiles contra los enemigos opresores.

No se trata de la destreza o la elegancia con que se usen, sino la eficacia con que intencionalmente las usamos, cada circunstancia o situación, ya sea favorable o desfavorable debe ser usada para el reino de Dios, pero necesitan ser afiladas las armas. Los filisteos temían que se dieran cuenta de que las tenían y si sabían cómo usarlas perderían la batalla, por eso no les permitían tenerlas. Así el enemigo Satanás hace con el creyente, busca que las ignoremos, que no las conozcamos, porque si las tenemos y aprendemos a manejarlas venceremos en cada lucha contra las huestes de maldad. Debemos estar completamente preparados para la obra del Señor, con una clara visión de lo que Dios quiere que hagamos por Él y para Él en favor de la obra y nuestra vida personal.

El conocer nuestras armas y desear usarlas con eficacia, aún el enemigo (nuestros filisteos), se encargarán de afilárnoslas con el uso eficaz de cada una de ellas.

Punto de acción:

Agudicemos el sentido en que el Espíritu Santo nos dice en qué y cómo debemos usar nuestras armas, porque Satanás y el mundo hacen que dependamos de ellos minimizándonos por falta de preparación. Quedamos condenados a la derrota.

Lectura bíblica necesaria: 1 Samuel 13 (RVR60)

Autor: MARIA PIEDAD MESA DE E.

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