Hay maneras especiales y particulares de demostrar nuestro amor a Dios, pero cuando Él mismo requiere de nosotros lo mejor, hemos de especializarnos en toda conducta y acción a que de verdad sea lo mejor.
Hay clasificación de ofrendas, de regalos, de presentes y la Escritura es rica en ilustraciones y enseñanzas sobre ello, eso sí, lo que resalta el calificativo de “mejor” es porque implica una actitud del corazón que da prioridad y obediencia no solo al regalo sino al cumplimiento de la forma en que fue pedido.
Abel, en el Antiguo Testamento, en Génesis 4:3-5 se nos enseña que dio muestras de amar a Dios trayéndole lo mejor: el cordero primogénito de sus ovejas, así como su producido, la grasa de ellas, es decir las mejores partes.
Abel era pastor, y la diferencia más evidente con el sacrificio de Caín su hermano fue la sangre “en la sangre está la vida” y ese es el sacrificio que Dios siempre ha pedido. Sin embargo, las Escrituras no indican que ninguna de estas diferencias influyera en el hecho de que Dios aceptara a Abel y rechazara a Caín. Lo que realmente llamó la atención a Dios fue la actitud del corazón. Había algo en la motivación y la actitud del corazón.
Abel, tenía la motivación correcta, el procedimiento correcto y la relación correcta con Dios. Esa relación se basaba en la fe, así lo registra la Palabra de Dios: «Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín» Hebreos 11:4.
Y si hablamos de amar a Dios, dándole lo mejor, no podemos dejar de mencionar la vida y obra de Jesús, en el Nuevo Testamento. Él nos enseñó que al Padre, le dio lo mejor de sí, su propia vida, la que el Padre aceptó y hasta hoy es olor fragante en los cielos.
Punto de acción:
De los regalos, ofrendas que has traído a tu Dios ¿cómo puedes confirmar el que hayan sido agradables para Él? Hay preguntas que responder: ¿Han sido lo que Él te ha pedido? ¿Han sido ofrenda escogida para que fuera lo mejor absolutamente? ¿Han sido con fe? A partir de estas respuestas puedes hacer un regalo a Dios Padre que cumpla cada uno de esos detalles y el corazón de Dios se alegrará profusamente.
Lectura bíblica necesaria: Génesis 4 (NVI)





