Para quienes vamos adelante en el ministerio, en la obra del Señor, es muy satisfactorio poder enfocar a quienes en un momento dado nos recibirán la posta.
No todo lo que se hace recibirá aprobación o felicitación, pero todo lo que se haga de corazón y para el Señor, hace estruendo en el cielo, afloja la recompensa de la herencia prometida porque Cristo mismo, a quien servimos, es quien la da.
Por eso el propósito en la vida ministerial es enseñar a todos a servir al Señor con fidelidad y de corazón.
En alguna ocasión ministerial conocí el concepto de alguien acerca de este tema y supe que a través del discipulado empezó a desarrollarse como sierva en la congregación y realmente teniendo los obstáculos propios de la formación, pues en la vida secular para ello no hemos sido preparados ni capacitados, aprendió la regla de oro:
«Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres”
Colosenses 3:23 aY terminó su relato comentando que, tanto en el ministerio como en todas las áreas de la vida, aprendió:
“que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia,
porque a Cristo el Señor servís”.
Colosenses 3:23 bAmar a Dios haciendo todo para Él significa consagrar cada aspecto de la vida—trabajo, descanso, decisiones y relaciones—como un acto de adoración y servicio, poniendo a Dios en primer lugar por encima de todo. Implica trabajar con excelencia y dedicación, no por reconocimiento humano, sino como para el Señor.
Es maravilloso de generación en generación tomar la decisión de buscar a Dios como el dueño de las obras que realizamos en la vida, sean para el ministerio o para cualquier área, comprendemos que es Él quien la ha delegado, quien nos capacita para realizarla y así mismo es Él quien la aprueba, felicita y recompensa, por eso hacer esta declaración de todo corazón, nos permite realizar todo aquello que Él espera, le agradamos y recibimos Su galardón.
Punto de acción:
La mejor prueba al corazón para conocer la verdadera motivación en todo lo que hagamos es tomar esos 2 puntos esenciales del pasaje que nos ocupa:
- 1. ¿Todo lo que he hecho, ha sido para el Señor? Y
- 2. ¿Estoy seguro de que la recompensa viene de Dios, porque a Él le sirvo?
Es fundamental evaluarnos en ello para no caer en el error de estar viviendo y trabajando para los hombres.
Lectura bíblica necesaria: Colosenses 3 (TLA)





