Cada persona en la tierra fue creada para y con un propósito. Jesús nos modeló el propósito que ha corrido a través de los siglos y como Él lo hizo nos es necesario salir de nuestra zona de confort, llegar a los necesitados y a través del amor, hablar del reino de los cielos y sus maravillas.
Dice la Escritura que nuestro hablar tiene que ver con los regalos, los misterios, las verdades que hemos recibido y que aún muchos no conocen, por eso nos dice que, si hablamos y “nos oyen, oyen a Dios” pero en caso contrario, “si nos desechan, a Él le desechan y también al Padre que le envió”. Estas verdades nos muestran que la tarea es nuestra pero el resultado es solo de Dios.
Dios ha dejado esta porción de Lucas 10:16 «El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió». Para decirnos que quien nos rechaza, no lo hace con nosotros, sino que es a Él a quien rechaza, por eso no debemos dejarnos intimidar, ni mucho menos quedarnos callados, tenemos que llevar el mensaje, por si acaso lo aceptan y se salvan.
El llamado de Dios para acercarnos a Él es una gran bendición para cada vida, por eso Su mayor propósito tiene que ver con el otro, con los cercanos y los lejanos, con los muchos que tenemos alrededor.
Dios quiere que a través del conocimiento de Cristo y su aceptación como Señor y Salvador, a través del poder del Espíritu Santo, podamos ser útiles para fortalecer y animarnos unos a otros en todos los lugares a donde Él envía a obreros fieles a Su llamado.
Aparte de ello, tenemos promesa para el cumplimiento de nuestra misión en obediencia al llamado: «He aquí, llamarás a gente que no conociste y gentes que no te conocieron correrán a ti por causa de Jehová, tu Dios, y del Santo de Israel, que te ha honrado» Isaías 55:5
Realmente, no hay excusa alguna para no demostrarle nuestro amor cumpliendo con ese llamado hermoso que nos ha hecho.
Punto de acción:
Deseo que por la gracia de Dios sepas, conozcas y reconozcas tu llamado, lo puedas obedecer permanentemente y disfrutar de la promesa que para ti ha quedado plasmada en la Escritura.
Lectura bíblica necesaria: Isaías 55 (TLA)





