Amonestado

«Nuestros reyes y gobernantes, nuestros sacerdotes y antepasados desobedecieron tu ley y no acataron tus mandamientos ni las advertencias con que los amonestabas.»
Nehemías 9:34

    «Un hombre que trota con ropa deportiva negra sobre un césped muy bien cortado y que en el interior de uno de sus bolsillos carga dos pequeñas, pero poderosas tarjetas que son el terror de todos los que están cerca de él, observa con cuidado que los otros no se hagan daño; todos están advertidos, pero la historia se repite, varios de ellos inevitablemente verán las tarjetas.»

    En el juego de la vida, la amonestación, más que un principio de orden o valor, es una actitud que todo ser humano debería aprender a aceptar y también practicar con amor.

    La amonestación es una advertencia o prevención, y en su defecto una reprensión. Tiene por objeto anticiparse a eventos mayores que requieran acciones contundentes o de choque y evitar conflictos en nuestro ambiente relacional. Generalmente va dirigida al carácter de la persona y, en principio, no tiene nada que ver con el castigo, sino con la corrección de un comportamiento o actitud contraria a las normas que nos rigen.

    «No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.» (1 Corintios 4:14)

    Y cómo en los partidos de fútbol que a nadie le gusta ser amonestado «tarjeta amarilla», así no es fácil aceptar la amonestación de otros a causa de nuestro orgullo, que siempre busca la culpabilidad de los demás y la justificación de nuestras acciones. Sin embargo, una amonestación bien aplicada conduce al amonestado a una actitud humilde, de diálogo, de apertura de corazón, de arrepentimiento y sanidad, por el contrario, una amonestación desbordada y dominada por pasiones personales, acrecienta los conflictos.

    Es necesario tener en cuenta que lo que se trata es de cambiar una actitud y no de rechazar a la persona. La amonestación acoge al individuo, pero rechaza la falta, pues su propósito es el arrepentimiento.

    Punto de acción:

    La amonestación es una autopista de doble sentido por lo tanto:

    «Así que en todo tratad a los demás tal y como queréis que ellos os traten a vosotros. De hecho, esto es la ley y los profetas.» (Mateo 7:12 CST)

    «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones.» (Colosenses 3:16)

    ¿Cómo estás amonestando a tus hijos, tu cónyuge… a tu prójimo?

    Lectura bíblica necesaria: Nehemías 9 (NBV)

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