Abril 06
«El amor verdadero no se apaga con el tiempo, se fortalece en Cristo.»
Las relaciones interpersonales amorosas pasan por momentos de riesgo debido a su superficialidad, la falta de permanencia nos va llevando como sociedad a el aislamiento emocional.
En contraste las relaciones maduras no se sostienen en emociones pasajeras, sino en el compromiso que refleja la fidelidad de Dios. El amor humano, cuando se apoya solo en sentimientos, se desgasta, termina caminado como en tierra movediza, hundiéndose en vez avanzar; pero cuando se fundamenta en Cristo, se renueva y se fortalece. Jesús nos invita a amar con permanencia, como Él nos amó hasta el final, enseñando y mostrando que la verdadera unión no depende de la fuerza humana, sino de la convicción y la gracia que Él está en nuestro corazón.
El amor que permanece es aquel que atraviesa las pruebas, que se mantiene firme en medio de las tormentas y que se edifica sobre la roca que es Cristo. No es un amor que busca la comodidad de la carne, sino la edificación del espíritu. Así, cada día se convierte en una oportunidad para reflejar la fidelidad de Dios en nuestras relaciones.
Preguntémonos ¿Siento que mis relaciones son como arena movediza o como una roca solida?
Punto de acción:
Hoy decide amar con permanencia:
- Afirma tu compromiso en tus relaciones, reflejando la fidelidad de Dios.
- Permite que tu comunión con Cristo sea la fuente que renueva tu amor cada día.
- Sé testigo de un amor que no se apaga, sino que se fortalece en Él.
Oremos: «Señor Jesús, enséñanos a amar como Tú amas: con fidelidad, permanencia y entrega. Que nuestras relaciones sean reflejo de tu amor eterno y que nunca se apaguen, sino que se fortalezcan en Ti. Amén.»
Lectura bíblica necesaria: Mateo 19 (RVR60)









