De heridos a plenos

"...a darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegria en lugar del espíritu angustiado."
Isaías 61:1-3

Agosto 25

En algunos momentos pensamos que las heridas en nuestra vida han sido en vano. Realmente no es así: en las manos de Dios, tus cicatrices ya no son señales de dolor, sino medallas de victoria y herramientas para ayudar a otros.

En Cristo pasamos de Heridas al propósito y a vivir en Plenitud.

Dios es el único experto en reciclaje espiritual. Él toma tu «ceniza» (lo quie se quemó en tu pasado) y la convierte en algo glorioso. La sanidad se completa cuando dejas de preguntarte «¿Por qué me pasó esto?» y empiezas a preguntar «¿Para qué puedo usar esto?»

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones… 2 Corintios 1:3

Tu experiencia de sanidad te da una autoridad que nadie más tiene. Tus cicatrices ahora sanan a otros. Cuando veas a alguien sufriendo por lo mismo que tú pasaste, no verás un problema, verás una oportunidad de mostrarles el camino a la libertad.

La plenitud no significa que nunca más te pasará algo malo, sino que ahora tienes las herramientas para que nada te destruya por dentro. Cada cicatriz se comvierte en piel más fuerte que la original. Tu corazon sanado es más resistente, compasivo y sabio. Ya no eres una victima; eres un testimonio vivo.

Hoy podemos entender que Dios quiere y pude sanar tu vida. Cuando miras el origen del dolor y lo entrega en la cruz de Cristo, recibes perdón y aprendes a dar perdón. Ya no hay etiquetas de «dañado» ahora la única etiqueta es: hijo(a) amado(a)

Punto de acción:

Oración: «Amado Dios, hoy comienzo esta semana entregandote mi corazón para ser totalmente restaurado. Gracias por cambiar mis cenizas en gloria y mi luto por gozo. Hoy acepto mis cicatrices cómo prueba de Tu fidelidad y poder, Señor permite que mi proceso de sanidad sirva de esperanza para otros. Gracias por que soy libre, sano y tengo un propósito. Camino hoy en la plenitud de Tu amor, sabiendo que en Cristo siempre esperaré lo mejor. Amén»

Lectura bíblica necesaria: 2 Corintios 1 (RVR60)

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