Junio 04
Muchos sueñan con despertar y sentir que, por fin, han levantado el trofeo de sus anhelos, dejando atrás lo malo y abrazando la victoria como una realidad.
La emoción de iniciar un nuevo negocio, un trabajo o un proyecto familiar se asemeja al júbilo de un jugador que pisa el césped en la final de un Mundial.
Sin embargo, muchos en lugar de jugar para ganar, se quedan atrapados en los capítulos de sus derrotas pasadas. Se levantan cargando el peso de los goles en contra, las heridas de partidos ya concluidos y el pesimismo que susurra que, aunque cambie el campeonato, el resultado será el mismo.
Pero tú no eres el marcador de tus fracasos ni el eco de tus lesiones. Eres alguien con la autoridad de cambiar la estrategia, cerrar ciclos de pérdida y comenzar una nueva temporada.
Los grandes triunfos no dependen de que el estadio sea perfecto, sino de la decisión de jugar de la mano del mejor Entrenador, dejando atrás la banca de la duda que ya no te pertenece.
📖 “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.” (1 Corintios 9:24)
Cuando te distraes mirando tus cicatrices o las faltas que te cometieron, pierdes de vista la portería que Dios ha puesto frente a ti. En la vida, como en la final de un Mundial, gana el que mejor se prepara y el que mejor juega; pero si juegas tomado de la mano de Dios, tienes la garantía de estar en el equipo del mejor.
Si Dios descendiera a tu cancha, todo cambiaría. Su intervención rompe cualquier patrón de derrota heredado y te da la visión necesaria para anotar el gol de tu propósito.
La historia de Jabes lo demuestra. Su nombre significaba “dolor”, como un jugador que empieza el partido con varios goles en contra antes del primer minuto. Pero él no aceptó ese destino. Invocó al Dios de Israel y pidió bendición, protección y libertad del sufrimiento. Dios le concedió lo que pidió, y lo que parecía un partido perdido se transformó en una temporada de honor y expansión.
Su pasado no pudo detener el campeonato que Dios había diseñado para él.
Hoy no estamos atrapados en el marcador de ayer. Puedes decidir que las heridas de otros encuentros no dictarán tu victoria de mañana.
Dejar el pesimismo es un acto de valentía que redirecciona el corazón hacia la Verdad: Dios anhela que corras para ganar.
Tu trofeo ya fue redimido y tu presente está en manos del dueño del juego.
Punto de acción:
Hoy te invito a identificar ese pensamiento de derrota al que te has aferrado. Ponte la camiseta de la fe y visualiza los cielos abriéndose sobre tu vida y tu familia, entregándote la victoria que tanto has buscado.
🙏 Oración
Amado Dios, gracias porque en Ti siempre hay una oportunidad para ganar el partido de la vida. Hoy suelto el peso de las derrotas pasadas y el pesimismo que me impide ver la meta. Abre los cielos sobre mi vida; ensancha mi territorio y bendice mis esfuerzos para correr con excelencia, sabiendo que Tú eres mi capitán. Declaro que comienza una temporada de triunfos y propósito en el nombre de Jesús. Amén.
AUTOR: NORBEY RODRIGUEZ
Lectura bíblica necesaria: 1 Corintios 9 (RVR60)








