Mayo 16
«No todos escuchan con los mismos oídos, pero el Espíritu abre corazones dispuestos.»
En Hechos 16:14 se nos cuenta de Lidia, una mujer que escuchaba a Pablo. Dice la Escritura que “el Señor abrió su corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía”. Ella representa al hombre espiritual, listo para recibir el evangelio. En contraste, los fariseos que escuchaban a Jesús lo rechazaban y lo consideraban locura, mostrando la actitud del hombre natural (1 Corintios 2:14).
Al compartir el evangelio, nos encontramos con dos tipos de oyentes: el hombre natural, que considera la Palabra como locura y la rechaza porque aún no ha sido iluminado por el Espíritu, y el hombre espiritual, cuyo corazón ha sido preparado por Dios para recibir y obedecer el mensaje. Nuestra tarea no es convencer por fuerza humana, sino sembrar fielmente y depender del Espíritu Santo, quien abre los corazones y nos da discernimiento para reconocer a quienes muestran señales de disposición y hambre espiritual.
Punto de acción:
Como comunidad, debemos aprender a reconocer las señales de apertura espiritual: interés genuino, preguntas sinceras, necesidad de respuestas más allá de lo material, y frutos inmediatos de transformación. Esto nos ayuda a enfocar nuestros esfuerzos en quienes el Espíritu ya está preparando, sin dejar de sembrar en todo terreno. El evangelizador debe depender del Espíritu Santo para discernir, evitando frustración cuando alguien rechaza el mensaje.
❓ Preguntas para reflexión
- ¿Has compartido el evangelio con alguien que lo consideró “locura”?
- ¿Qué señales has visto en una persona que estaba lista para recibir la Palabra?
- ¿Cómo puedes depender más del Espíritu Santo para discernir a quién compartir el mensaje?
- ¿Qué actitud necesitas cultivar para ser un sembrador fiel, aun cuando no veas fruto inmediato?
Lectura bíblica necesaria: 1 Corintios 2 (RVR60)








