Abril 14
«La fe que no crece se marchita; la fe que fructifica se expande.»
El apóstol Pablo nos recuerda que la vida cristiana no es estática, sino dinámica: estamos llamados a fructificar en buenas obras y crecer en el conocimiento de Dios. Fructificar es reflejar a Cristo en nuestras acciones; crecer es profundizar en nuestra relación con Él, avanzando hacia la madurez espiritual.
El justo florece como la palmera, dice el Salmo 92, y Pablo lo confirma: el creyente que permanece en Cristo no se estanca, sino que produce fruto visible y crece en sabiduría. La vida espiritual es como un árbol plantado junto a corrientes de agua: siempre verde, siempre en expansión.
Un ejemplo lo vemos en la vida de Pablo mismo. Antes de conocer a Cristo, perseguía a la iglesia y vivía en tinieblas. Pero al ser alcanzado por la gracia, su andar cambió radicalmente: se convirtió en apóstol, llevando fruto en cada ciudad donde habitaba y creciendo en conocimiento del Señor. Su vida fue testimonio de lo que significa ser trasladado del reino de las tinieblas al reino de la luz.
Así también, nosotros estamos llamados a vivir una fe que se expande. Fructificar en buenas obras y crecer en el conocimiento de Dios son señales de una vida transformada por Cristo. No basta con resistir: debemos avanzar, multiplicar y florecer en Él.
Punto de acción:
Hoy examina un área de tu entorno donde puedas fructificar, reflejar el carácter de Cristo con tus buenas obras; y otra donde puedas crecer en conocimiento de Dios. Aprender más de su Palabra no es un acto mecánico de leerla, sino es percibir que en aquello que lees hay pasajes o versículos en los que Él te está hablando directamente.
Oración: Señor, ayúdame a fructificar en toda buena obra y a crecer en tu conocimiento. Que mi vida sea un árbol que florece en tu presencia y que bendice a otros con sus frutos. Amén.
Lectura bíblica necesaria: Colosenses 1 (RVR60)









