La pureza

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”
(Mateo 5:8)

Mayo 12

“Lo que miras con pureza, revela a Dios en tu vida.”

José, en Egipto, enfrentó la tentación de la esposa de Potifar (Génesis 39). Aunque sus ojos pudieron haberse fijado en lo prohibido, eligió apartar su mirada y mantenerse puro. Su decisión de no contaminarse lo llevó a sufrir injusticias, pero también a ser exaltado por Dios. La pureza en lo que contemplamos abre camino a la bendición y a la presencia divina.

La pureza no es solo un estado del corazón, sino también una elección diaria en lo que decidimos mirar. En un mundo saturado de imágenes que promueven lo superficial y lo sensual, el creyente está llamado a cultivar una mirada limpia. Lo que contemplamos se convierte en semilla que germina en nuestro interior: si es puro, produce santidad; si es impuro, genera pecado. Jesús promete que los de limpio corazón verán a Dios, y esa visión comienza aquí, cuando decidimos enfocar nuestros ojos en lo que refleja su gloria.

Punto de acción:

Haz un compromiso de cuidar tu mirada: examina lo que consumes en redes, televisión o conversaciones. Pregúntate si lo que ves fortalece tu fe o la debilita. Decide apartar tus ojos de lo que contamina y dirigirlos hacia lo que revela la presencia de Dios.

Preguntas para reflexión:

  1. ¿Qué tipo de contenidos predominan en tu día a día?
  2. ¿Cómo influyen en tu manera de pensar y actuar?
  3. ¿Qué pasos concretos puedes dar para mantener la pureza en lo que contemplas?

Oración: “Señor, guarda mis ojos y mi corazón. Ayúdame a contemplar lo que es puro y verdadero, y a apartar mi mirada de lo que me aleja de ti. Que mi vida sea reflejo de tu santidad.”

Lectura bíblica necesaria: Mateo 5 (RVR60)

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