Mayo 05
“Lo que alimenta tus ojos, nutre tu corazón.”
El rey David, en un momento de descuido, permitió que sus ojos se alimentaran de lo prohibido al mirar a Betsabé mientras se bañaba (2 Samuel 11). Esa mirada abrió la puerta a la tentación y lo llevó a cometer pecado. Lo que comenzó con un simple acto de los ojos terminó afectando su corazón y su relación con Dios. Este relato nos recuerda que lo que dejamos entrar por nuestros ojos puede determinar el rumbo de nuestras decisiones y la salud espiritual de nuestra vida.
Los ojos son ventanas que permiten la entrada de luz o de tinieblas al interior del ser humano. En un mundo lleno de imágenes y estímulos, lo que decidimos mirar se convierte en alimento para nuestra alma. Si fijamos la mirada en Cristo y en lo que edifica, nuestro interior se llena de claridad y paz; pero si dejamos que nuestros ojos se acostumbren a lo que contamina, la oscuridad invade nuestro corazón. La dieta de los ojos es una decisión diaria: escoger lo que fortalece la fe y apartar lo que debilita la vida espiritual.
Punto de acción:
Hoy examina qué estás permitiendo entrar por tus ojos. Haz un compromiso de dirigir tu mirada hacia lo que glorifica a Dios y apartarte de lo que roba tu pureza y tu paz.
Preguntas para reflexión:
- ¿Qué tipo de imágenes o contenidos predominan en tu día a día?
- ¿Cómo influyen en tu manera de pensar y actuar?
- ¿Qué ajustes puedes hacer para que tu mirada se enfoque en lo que edifica tu fe?
Oración: “Señor Jesús, guarda mis ojos y mi corazón. Ayúdame a mirar lo que es puro y verdadero, y a apartar mi vista de lo que me aleja de ti. Que mi vida refleje tu luz.”
Lectura bíblica necesaria: Mateo 6 (RVR60)









