Septiembre 24
En cada prueba que enfrentamos, nuestra actitud puede marcar la diferencia entre desanimarnos o fortalecer nuestra confianza en Dios. Aunque no siempre entendemos lo que vivimos, la Biblia nos recuerda que Dios sigue siendo soberano y tiene control sobre cada detalle de nuestra vida.
Cuando llegan los momentos difíciles, Dios no solo permite el proceso, sino que también promete acompañarnos. Por eso, más que enfocarnos en el problema, debemos cuidar nuestra actitud delante del Señor.
Podemos aprender de Ana, una mujer que experimentó dolor, tristeza y largos tiempos de espera. Sin embargo, en lugar de rendirse, decidió buscar a Dios con todo su corazón.
La actitud de Ana nos enseña tres principios importantes:
1. Orar
Ana llevó su necesidad a la presencia de Dios. Comprendió que la solución no estaba en sus fuerzas, sino en las manos del Señor.
2. Confiar
Aunque no recibió una respuesta inmediata, creyó que Dios escuchaba su clamor y que obraría conforme a Su perfecta voluntad.
3. Esperar
Ana aprendió a esperar el tiempo de Dios. Su perseverancia fue recompensada cuando el Señor respondió a su petición.
Ana oró, rogó, clamó, lloró, creyó y esperó. Su actitud abrió el camino para experimentar la intervención divina.
Punto de acción:
Quizás hoy estés atravesando una situación difícil, pero recuerda que Dios sigue teniendo el control. Pídele que te ayude a mantener una actitud correcta, fortaleciendo tu confianza y tu esperanza en Él.
¡Imita la actitud de Ana y descubrirás que Dios siempre responde a quienes confían plenamente en Su voluntad!
AUTOR: SCHELLEN DOMINGUEZ
Lectura bíblica necesaria: 1 Samuel 1 (RVR60)








