Agosto 26
La consagración no es tarea perdida, no pasa inadvertida. La consagración que es para Dios tiene el rédito de Dios mismo. Él pensó desde la eternidad que nosotros le sirviéramos consagrándonos a Su persona y a Su servicio, porque además de Él recibirlo en los lugares celestiales quería que desde aquí en la tierra fuera un motivo de adoración a Él que se lo merece todo.
La adoración no es solo un momento de quietud en tu intimidad o en la congregación. La intimidad es un estilo de vida. El lugar donde tú estás, la labor que realizas, tus palabras, ideas, tareas, expresiones en el diario vivir denotan claramente al Dios que adoras, y si tu vida es consciente de la consagración a Él seguramente se verá. El texto bíblico que estudiamos nos dice que hay bendición por tu consagración.
A la hora de rendir cuentas al Señor de tu vida, se sabrá de los frutos de tu consagración y Él mismo con tono de alegría y satisfacción te dirá que fuiste fiel y que esa fidelidad te ha permitido entrar en el gozo de tu Señor. Te ha permitido recibir las coronas que te fueron prometidas en Su Palabra y que Él fielmente te preparó. Será un momento incomparable y no queriendo que tu bendición no se reciba, te anima a través de Su Espíritu Santo para que, consagrándote ahora, recibas bendición aquel día.
El apóstol Pablo ante su discípulo Timoteo dio cuenta de lo que fue su consagración:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.
2 Timoteo 4:7
Esas tres cosas fundamentales las necesitó para vivir una vida consagrada y con fruto delante de su Señor y Dios, a quien daría cuentas.
¡Vale la pena tu consagración!
Dios ha dispuesto para nosotros Sus hijos cosas sobrenaturales que de otra manera no podríamos tener, obedecen a la vida espiritual que Dios nos ha dado por tener a Cristo en nuestro corazón esto hace que tengamos que estudiar y encontrarnos con el verdadero propósito de la consagración.
El cual es, una determinación firme de hacer algo. Cada uno debe hacerlo como parte de su vida en relación con el deseo divino de que rindamos nuestra vida como ofrenda, eso es consagración.
Punto de acción:
Podemos orar así: Padre Celestial, te entregamos nuestra vida en rendición y consagración a ti. Te lo mereces y por tu Espíritu Santo queremos rogarte nos permitas tomar decisiones, permanecer y alcanzar la corona prometida.
AUTOR: MARÍA PIEDAD MESA DE E.
Lectura bíblica necesaria: Romanos 6 (RVR60)








