Septiembre 02
Cuando el pueblo de Israel caminaba en el desierto, enfrentaba noches largas y oscuras. Sin embargo, Dios les mostró su cuidado: una columna de fuego iluminaba su camino y les recordaba que no estaban solos (Éxodo 13:21). Esa Luz era señal de dirección, protección y esperanza en medio de la incertidumbre.
La vida humana atraviesa momentos de oscuridad: dudas, temores, injusticias y pruebas que parecen interminables. Sin embargo, en medio de esas sombras, Dios anuncia una Luz que no se apaga. Esa Luz es su presencia, su Palabra y su amor, que iluminan el camino y nos recuerdan que no estamos solos.
Las tinieblas intentan ocultar la esperanza, pero no pueden resistir la claridad que viene de lo alto. Cada vez que confiamos en el Señor, su Luz se abre paso en nuestra mente y corazón, disipando la confusión y fortaleciendo nuestra fe. La promesa es firme: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla” (Juan 1:5).
Punto de acción:
Hoy somos llamados a caminar en esa Luz, a reflejarla en nuestras acciones y palabras, y a compartirla con quienes aún permanecen en la oscuridad. La victoria no está en nuestras fuerzas, sino en la Luz que vence y transforma.
Oración: Señor, gracias porque tu Luz nunca se apaga. Ilumina nuestras vidas en medio de las pruebas, fortalece nuestra fe y haznos portadores de tu claridad en este mundo. Que cada paso que demos refleje tu amor y tu verdad. Amén.
Lectura bíblica necesaria: Éxodo 13 (RVR60)









1 comentario en “La Luz que vence.”
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