La mirada puesta en lo eterno

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
(2 Corintios 4:18)

Mayo 13

“Solo lo eterno da sentido a lo que hoy vivimos.”

Moisés, al guiar al pueblo de Israel, eligió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar de los deleites temporales del pecado en Egipto. La Escritura dice que “se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27). Su mirada estaba puesta en lo eterno, y esa convicción le permitió perseverar en medio de pruebas y oposición.

La vida diaria está llena de cosas visibles: preocupaciones, logros, posesiones, problemas. Sin embargo, todo lo que vemos es pasajero. La fe nos invita a entrenar nuestros ojos espirituales para mirar más allá de lo inmediato y fijarnos en lo eterno. Cuando nuestra mirada está puesta en Cristo y en su reino, lo temporal pierde poder sobre nosotros. La esperanza eterna nos da fuerza para enfrentar las dificultades presentes y nos recuerda que lo mejor está por venir.

Punto de acción:

Es tiempo de enfocar tu mirada en lo eterno. Evalúa si tus prioridades están centradas en lo que pasa o en lo que permanece. Haz un compromiso de invertir tu tiempo y tus decisiones en aquello que tiene valor eterno: tu relación con Dios, tu servicio a otros y tu fidelidad al Evangelio.

Preguntas para reflexión:

  1. ¿Qué cosas temporales ocupan más tu atención y energía?
  2. ¿Cómo puedes entrenar tu mirada para enfocarte en lo eterno?
  3. ¿Qué decisiones prácticas puedes tomar hoy para vivir con perspectiva de eternidad?

Oración sugerida: “Señor, enséñame a mirar más allá de lo visible. Ayúdame a fijar mis ojos en tu reino eterno y a vivir cada día con la convicción de que lo mejor está en ti. Que mi vida refleje la esperanza de tu gloria.”

Lectura bíblica necesaria: 2 Corintios 4 (RVR60)

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