Mayo 26
“La mayoría de las personas oran mal, porque no oran con el corazón, sino con los labios.”
Charles Spurgeon
La frase de este predicador ingles nos confronta con una verdad: la oración no es un ritual vacío, sino un encuentro vivo con Cristo.
Cuando reducimos la oración a fórmulas, perdemos de vista al verdadero Mediador. Pero cuando abrimos el alma con sinceridad, descubrimos que Jesús mismo intercede por nosotros. La cruz nos recuerda que la oración auténtica no depende de nuestra elocuencia, sino de la obra perfecta de Cristo.
Orar bien no significa decir palabras bonitas, sino acercarnos al Padre por medio del Hijo, confiando en que su gracia cubre nuestras debilidades. La oración cristocéntrica nos lleva a descansar en la obra de Jesús y a experimentar la comunión con Dios como hijos amados.
Punto de acción:
Profundiza tu oración.
Dedica un tiempo de oración en el que no busques palabras bonitas, sino sinceridad. Habla con Dios de lo que realmente hay en tu corazón, y termina agradeciendo a Cristo por ser tu intercesor.
❓ Preguntas de reflexión
- ¿Has caído en la rutina de repetir palabras sin abrir tu corazón?
- ¿Qué significa para ti acercarte al trono de la gracia con confianza?
- ¿Cómo puedo cultivar una oración más honesta y cristocéntrica?
- ¿Qué cambios noto en mi vida cuando oro con sinceridad en Cristo?
Lectura bíblica necesaria: Salmos 140 (RVR60)








