Julio 23
Hay momentos en que sentimos que algo se nos va de las manos… y aun queriendo crecer, aparecen fuerzas que nos alejan del camino. Una de las más sutiles puede ser la seducción del mundo: esa manera de presentar lo que es pasajero como si fuera lo verdadero, lo útil, lo “normal” o lo más inteligente.
Y aquí es donde necesitamos ser muy claros: el cristianismo no es racionalismo. No es “fe sin razón”. Pero tampoco es fe ciega. Es una fe que incluye la razón, porque se apoya en algo firme: la verdad de la Palabra de Dios, una verdad que va más allá de lo que la mente humana puede alcanzar por sí sola.
Pablo le enseña a Tito (y también a nosotros) que la fe verdadera no solo se cree… se vive, se piensa y se decide. Por eso, hay una gran diferencia entre: la verdad de Dios vs. lo relativo del mundo.
1) Vivir y actuar según la fe
“conforme a la fe de los escogidos de Dios y a la verdad” (Tito 1:1)
Esto cambia todo, porque nos ayuda a diferenciar lo que Dios dice de lo que el mundo intenta justificar.
2) Pensar y decidir con esperanza eterna
“conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 1:2)
El mundo piensa y decide con prisa, con miedo, con ambición o con disfrute inmediato.
Pero el creyente aprende a preguntarse:
¿Este pensamiento me acerca a Dios… o me aleja?
¿Esta decisión fortalece mi vida espiritual… o la debilita?
3) Fundamento y principios de fe: la Palabra
“Su Palabra… a través de la predicación” (Tito 1:3)
La fe se alimenta con lo que escuchamos, leemos, aprendemos, memorizamos y practicamos.
Cuando la Palabra toma su lugar, empezamos a actuar con discernimiento y a vivir de manera diferente.
¿Y cómo sabemos que estamos creyendo con verdad?
La Biblia nos enseña que Dios no solo promete… también transforma.
“derramaré mi Espíritu y os haré saber mis palabras” (Proverbios 1:23)
Y también muestra el fruto de escuchar a Dios:
“habitará confiadamente y vivirá reposado… sin temor” (Proverbios 1:33)
Hay un reposo real en Dios… incluso en correr de la vida.
El contraste: lo que ofrece la vanidad
Proverbios también describe lo que el corazón termina cosechando cuando no se escucha a Dios y Su Palabra:
“los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia” (1:22)
“aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová” (1:29)
“Ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía” (1:30)
“Comerán… del fruto de su camino, y se hartarán de sus consejos” (1:31)
“Porque el reposo de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder” (1:32)
No sé si lo has podido ver: la vanidad ofrece “algo”… pero deja un vacío que solo Dios puede llenar.
Quizá hoy no sientas que te está pasando “algo tan grave”… pero quizá sí te está pasando algo peligroso y silencioso: ese cambio de rumbo por decisiones pequeñas.
Por eso te invito a este pensamiento: cualquier día, cualquier momento, puede ser el primer día de decidir con sabiduría.
Punto de acción:
🙏 Encuentra cuáles son las áreas donde la seducción del mundo ha intentado mover tu enfoque (pensamientos, hábitos, conversaciones, prioridades).
Luego toma una decisión concreta:
- Alinear tu mente con la Palabra
- Elegir con esperanza eterna
- Apoyarte en lo que Dios enseña
Eso traerá madurez a tu vida espiritual, y también paz en tu interior.
Lectura bíblica necesaria: Tito 1 (RVR60)








