Abril 11
«¿en qué estás afirmando tu mente y tu corazón?»
Aunque la pregunta podrá resultar obvia, la realidad es que el corazón de los creyentes parece estar más temeroso que expectante de Sus promesas.
Pues vivimos días donde las noticias cambian de un momento a otro, una más violenta o dolosa que la anterior; las crisis sacuden naciones con escándalos financieros y mentiras que confunden a los pueblos; y la incertidumbre toca nuestras puertas. Es fácil caer en la rutina de “sobrevivir”, adaptándonos al molde del mundo: miedo, ansiedad, desesperanza.
Pero la Palabra nos llama a algo distinto: renovar la mente en Cristo.
«Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecta» Rm 12:2 (TLA)
No se trata solo de resistir, sino de dejar que el Espíritu Santo transforme nuestra manera de pensar. En tiempos disruptivos, crecer espiritualmente significa:
- Filtrar lo que escuchamos: no todo lo que el mundo dice es verdad, la voz de Cristo sí lo es.
- Anclar la mente en la Palabra: cuando todo cambia, la Palabra permanece.
- Florecer en medio de la crisis: no conformarnos con sobrevivir, sino dar fruto que muestre la fidelidad de Dios.
Ser fructífero no es asunto de estrategia o esfuerzo humano, es de permitir que la sabia del Espíritu Santo fluya en ti, es su luz iluminando tu interior.
Punto de acción:
- ¿Qué pensamientos me están moldeando más: los del mundo o los de Cristo?
- ¿Cómo puedo renovar mi mente cada día para crecer espiritualmente en medio de la incertidumbre?
- ¿Qué fruto quiero que mi vida muestre en tiempos de crisis?
Oremos: «Señor Jesucristo en medio de la vida rápida y confusa que nos envuelve, enséñame a establecer esa comunión con Dios que renueva mi mente y mi corazón con fe y nueva fuerzas; que la gracia tuya no sea mi excusa para no salir del pecado o dureza de corazón, todo lo contrario quiero que tu gracia me haga vivir libre tanto en mi alma como en mi espíritu»
Lectura bíblica necesaria: Romanos 12 (TLA)









