Un llamado a la oración de rodillas

“Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras yo oro”. Se llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a sentir temor y tristeza. «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —les dijo— “Quédense aquí y vigilen». Yendo un poco más allá, se postró en tierra y empezó a orar...”
Marcos 14:32-35

Abril 20

Ante la pregunta ¿qué es la oración? Un día lo encontré en un escrito de un hombre que admiro por la practicidad y sencillez para tratar los temas doctrinales, y dijo:

“La oración no es un privilegio para el piadoso, ni tampoco el arte de unos pocos escogidos. Es simplemente una conversación sincera entre Dios y Su hijo”. (Tomado deAntes del aménde Max Lucado)

Me siento totalmente identificada y así lo he enseñado y compartido. En una fecha memorable recibí la carta de una compañera en mi caminar con Dios, que hizo alusión a la oración. Ella dijo: “lo más trascendental para mí fue enseñarme el poder que tiene el orar de rodillas”.

Hay una lección para aprender acerca de la oración de rodillas. Anatómicamente las rodillas son una de las articulaciones más importantes del cuerpo, su anatomía es bastante complicada por la multitud de elementos que la forman, y todos necesarios para el buen funcionamiento de las extremidades y bienestar del cuerpo humano.

En el área sicosomática, la flexión de las rodillas tiene que ver con emociones específicas: sometimiento, obediencia, sumisión, necesidad de ceder o no ceder.

Ellas nos amplían claramente lo que significa el orar de rodillas. Hay en nuestro ser conflictos emocionales que pasan por nuestro corazón y no encuentran solución de una manera racional o intelectual. Tenemos la necesidad de hacer uso de nuestras rodillas en la presencia de Dios que sana, libera y perdona. Es decir, la oración de rodillas se convierte en respuesta desde el espíritu para el alma y el cuerpo; como lo explica la anatomía, una rodilla sana, flexible y útil traerá buen funcionamiento a todo nuestro ser.

Es así como muchos han podido escuchar, aprender y ver que la oración no es privilegio de unos pocos, tampoco un arte… Es la dicha de poder hablar con Dios, de tener hambre y sed de estar con Jesús y poder saciarla, de tener un deseo incontrolable de oírlo, verle actuar, sentirsen amados y abrazados cada mañana, cada día, todo el tiempo.

Este es el mayor y más grande ejemplo plasmado en la Palabra de Dios: El día en que Jesús estuvo en el Huerto de Getsemaní, ya los discípulos sabían orar pues Jesús les había enseñado como lo relata Lucas 11 y les pidió hacerlo con Él. A causa de su sueño no lo hicieron, pero Jesús sí… “se postró en tierra y empezó a orar…” (Marcos 14:35).

Punto de acción:

Es la oración, entonces, el mayor regalo que Dios ha dado a Sus hijos. De hecho, los discípulos lo convirtieron en una petición personal: “enséñanos a orar” (Lucas 11:1) Y Jesús respondió inmediatamente, les enseñó cómo hacerlo y qué decir. Hoy puedes además, hacerlo de rodillas y disfrutar la bendición que conlleva.

Autor: MARIA PIEDAD MESA DE E.

Lectura bíblica necesaria: Salmos 95 (RVR60)

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